Saturday, April 21, 2007

Y Cuchulainn nos acompañó

Se pronuncia Cujolon (véase, antes que nada la PD1 del final), o algo así, según nos dijo Eoin. Le conocimos en la General Post Office de Dublin intentando pedir sellos diciendo "Can I have (nos preguntó cómo se decía quince en inglés ya que él sólo habla gaélico) stamps?" y no se separó de nosotros hasta nuestra salida de Eire.

Nos acompañó a Temple Bar nada más llegar a la capital y allí nos avisó de que tuviésemos cuidado con la Guinness, ya que una resaca de este negro líquido le hizo matar al perro de Culainn y a partir de entonces empezó a ser famoso. Una resaca que, según decía, le había hecho jurar que nunca más volvería a beber y criticar a los demás porque bebían "para hacerse los mayores".

Nos soprendió al subirse a una tarima y coger la flauta travesera. Parecía un virtuoso de pelos largos tocando "The wild rover" (No never, no more).

Como buen mecenas nos guió a Galway y allí, como un rojillo más, se puso la zamarra osasunista para ver el partido. No entendía el juego pero daba igual. La gente del pub se extrañaba de ver a un tipo que nunca se había cortado el pelo viendo un partido de fútbol pero el hecho de que lo visionase en un ordenador portátil tampoco decía mucho en favor de la cordura de los que le acompañaban.

Al día siguiente perdimos la pista de Cuchulainn por unas horas. Tomamos un autobús turístico rumbo a los Cliffs of Moher y en una de las primeras paradas para ver un castillico se bajó el puente levadizo y salió nuestro amigo, vestido con sus mejores galas y un palo de hurling, para unirse a nuestro grupo de nuevo. "Esta es mi residencia de primavera y este palo es todo lo que necesité para hacer lo acantilados más grandes de Europa, luego los veréis".

Llegados a los acantilados nos quedamos asombrados de su grandiosidad. 200 metros de desnivel tallados a golpe de palo de hurling. "Un inglés me dijo que no tenía huevos de hacerlo y como mi abuela era de Arróniz, ..., pues me salió el ramalazo navarro y tuve que hacerlo. Pero a que mola".

La vuelta en el bus la hicimos dormidos así que no nos enteramos cuando Cuchulainn se bajó en su "residencia de primavera". Era tarde de viernes y "tocaba" salir. Y antes de que el agua de los espaguetis comenzase a hervir (cosa eterna) apareció de nuevo por la puerta del albergue. Le invitamos a cenar y a echar unas cervezas. "No me he puesto ciego desde que estoy aquí, y de eso hace ya cientos de años". "Ya, ya". Le dimos a probar patxaran y se lo tomaba en vaso de pinta. "Chumorrou, ..., jangouver", le dijimos en inglés de la Cuenca.

La noche por Galway fue entretenida, con Cuchulainn enfadándose porque no le dejaban meter el palo de hurling en el bar y porque no sabía beber de la bota hasta que cuando lo consiguió, le pillaron y le echaron. Como podéis imaginar "Cuchu" acabó durmiendo en nuestro albergue ya que no estaba en condiciones de ir hasta su casa. "No me he puesto ciego desde que estoy aquí, y de eso hace ya cientos de años", le decíamos con sorna.

Y llegó el día de volver a Pamplona. Nos despedimos de todos y nuestro colega se ofreció a venir a Dublín. En el aeropuerto se despidió de nosotros con un "Slán, go n-éirí do thuras leat!" (Adiós, que tengáis buen viaje) y una lágrima en el ojo derecho. El hombre que nunca se ha cortado el pelo se emocionaba ante nuestra partida.

Desde entonces tiene un hueco en nuestros corazones como ese personaje que hizo de hilo conductor en nuestro viaje y al que un servidor casi considera "el alma de Irlanda" ya que "Cuchu" es un salvaje pelón de tez rosácea, bebedor de Guinness, flautista etílico, amable con el turista al que invita a whiskey, pastor de 16 millones de ovejas en pastos verdes y llanos, "garda" del centro de Dublín, ...


PD1: Realmente Cuchulainn es un héroe de la mitología gaélica que se hizo célebre por matar a un perro con un palo de hurling y adquirir sabiduría chupándose el pulgar.

PD2: Este texto está dedicado a Esti, Cris, Troy, Eras e Iván. El Cuchulainn de estas líneas es una pequeña radiografía de nosotros en Eire y de la gente que nos rodeó, es decir, a nosotros nos echaron de bares, tuvimos resacas horrorosas, no sabíamos hablar inglés, ...

PD3: Puede que alguna de las cosas que pone en el texto no la entiendas ya que casi todo está basado en cosas que nos ocurrieron en el viaje. Si tienes curiosidad no dudes en preguntar.

Jau el sábado, 21 de abril de 2007, a las 11:25 horas.
Escuchando "Whiskey in the jar" de The Pogues and the Dubliners.

Sunday, April 08, 2007

No hay de qué escribir

En uno de mis últimos "textillos" de este blog, "Motivación", dije que no quería escribir por escrbir. Que si no tenía ganas de hacerlo no lo iba a hacer y que prefería hablar sobre cosas interesantes antes que rellenar líneas sin un objetivo.

Pues parece que esta máxima no encaja en la cabeza de los que se dedican profesionalmente al arte de la pluma por lo leído hoy en El Mundo. En este importantísimo medio, su director, Pedro J. Ramírez, se descuelga con un artículo de "investigación-opinión" en el que la finalidad es, como no podía ser de otra manera, aumentar la bronca entre Gobierno y oposición.

Resulta que el señor Rodríguez Zapatero era miope y hace unos días se sometió a una operación de láser para eliminar su defecto visual. Esta "chorrada" sirve a los voceros de la oposición para comparar al Presidente del Gobierno con el señor Aznar, adalid de la democracia y el buen hacer. Y es que el señor Aznar se operó del menisco. Vibrante. Pero el cénit llega cuando el autor relaciona la miopía con el autismo, las alergias y otra serie de alteraciones.

Muy interesante. Creo que no podría haber sobrellevado mi resaca de hoy sin esta noticia. Y es que últimamente cualquier cosa sirve para echar leña al fuego, cuando los ciudadanos lo único que queremos es poder vivir de manera digna y que baje el precio del pan.

Por lo menos eso es lo que quiere el miope no alérgico ni autista que escribe estas líneas.


Jau, el domingo, 8 de abril de 2007, a las 11:11 horas.
Escuchando "Wake me up when september ends" de Green Day.

Tuesday, April 03, 2007

Pies arrugados

El ser humano puede ser maravilloso. Es capaz de mantener conversaciones con individuos de su especie aunque estos se encuentren a miles de kilómetros de distancia sin alzar la voz, puede construir aparatos para imitar a los pájaros y así recorrer en pocas horas distancias que hace apenas 150 años conllevaban meses de navegación marina, puede informarse de lo que ocurre en cualquier punto del mundo haciendo "click" sin esperar a que un señor con una corneta avise que el correo ha llegado, ...

Pero a la vez es un ser vulnerable. Y una de las cosas que más resalta la vulnerabilidad del que está sentado frente a la pantalla (tú que lees y yo que escribo esto) es el agua. Ese agua que calma nuestra sed y sin la cual no podríamos sobrevivir se convierte en una de nuestras peores enemigas cuando comienza a molestar.

Algo tan "tonto" como la lluvia altera nuestro ritmo de vida. Hace que los centros de las ciudades se conviertan en caóticos ríos de coches estancados, hace que cojamos el autobús público para trayectos que realizamos andando y, entre otras muchas cosas, nos moja los pies.

Nunca se da importancia a tener los pies secos hasta que se tienen mojados. Confiamos en que el agua que cae no nos traspase el calzado hasta que una vez resguardados movemos los dedos hacia arriba y, ..., sí, nos hemos mojado. Pensamos que en ese rato que estamos echando un café o estudiando se nos sacarán pero, ..., no. Al mover los dedos antes de salir notamos de nuevo la humedad.

Ya en nuestra casa al descalzarnos notamos los calcetines "pegados" a los pies. Ya sabemos lo que viene a continuación. Al quitarnos los calcetines descubrimos unos pies blanquecinos y arrugados y una palabra sale de nuestras gargantas. "Joder"

No hay que pensar demasiado. Esto me ocurrió ayer. La próxima vez cuando "el hombre del tiempo" advierta de intensas precipitaciones no desecharé las botas por ínfimo que sea el trayecto a recorrer.

Y es que a mi sólo me gusta(ba) arrugarme en la bañera.


Jau, el martes, 3 de abril de 2007, a las 17:08 horas.
Escuchando la "Coral de la Cantata 147" de Johann Sebastian Bach.